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Presentaciòn

di MANUEL J. GUARDO

1999

 

 Cada lenguage contiene una estructura interna. Así, para el artista que asume la imagen como su lenguaje expresivo, encontrar la estructura que, conforme la exigencia del momento irrepetible y su relación entre éste y los propios instrumentos móviles de los que en principio parte, será lo que produzca el valor de lo interno-íntimo, lo que le lleve a transitar, no sòlo a expresar o traducir, la sensibilidad que le conducirá, a la obra.

Riccardo Paracchini es así: el encuentro de lo interno-irreal como creación, y mucho más; lo externo-real como imagen, como figura de las cosas según las fingimos en la mente. Recreación como mentira ante el espejo. Alegoría, alusión, forma, metáfora, mito, símbolo. En definitiva, “representación viva y eficaz de las cosas por medio del lenguaje”.

 

 

Sombra y fantasma, también imagen, de lo recóndito quizá atesorado junto a rosas y azules toscanos que llegan hasta nostros como testimonio de la tradición que encierra todo lo nuevo.

Es este este un universo iconológico suspendido entre la afirmación y la duda, la admiración y el escepticismo, la comprensión y el miedo. Como el feliz vacío que crea el hemistíquio entre dos versos. Si el arte es la necesaria y excelsa vivificación de la mentira, lo es tanto que su creación fue resultado de inventarse una conjura contra el miedo. Cesare Pavese nos recordó que los monstruos no mueren, lo que muere es el miedo que te inspiran.